Australopithecus “economicus”

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Por Juan L. Cariaga Por Juan L. Cariaga

Con bombos y platillos, un altísimo funcionario gubernamental presentó, hace algunos días, lo que se supone sería el ´nuevo´ modelo económico que implantará el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), con el fin de derogar el modelo puesto en práctica a través del DS 21060, llamado Nueva Política Económica.

Para gran decepción de la ciudadanía, el ´nuevo´ modelo económico presentado en esa oportunidad, lamentablemente, no tiene nada de nuevo y, para remate, no es otra cosa que una réplica casi exacta de los modelos de capitalismo de Estado, empleados en los años de 1950 y 1970, que terminaron en sendas y catastróficas hiperinflaciones que casi destruyen la economía del país.

En efecto, el ´nuevo´ modelo económico presentado por este funcionario no es más que un conjunto de enunciados políticos, sin ninguna metodología o rigidez científica, que pregona, entre otras cosas, una mayor intervención del Estado en la economía, una mayor usurpación de las libertades económicas de los agentes del mercado, más nacionalizaciones, más empresas estatales y más restricciones a las operaciones de comercio exterior, que los bolivianos ya sabemos cómo dejaron al país a fines de 1950 y 1970.

Revivir el pasado —algo en lo que permanentemente insisten los actuales funcionarios del Gobierno— es algo así como tratar de revivir el pensamiento primitivo, extinto y arcaico del Australopithecus Afarensis, cuando, en verdad, el mundo está ya encaminado a hacer frente a nuevas realidades y presentar nuevas propuestas para resolver los problemas económicos de la humanidad. Lamentablemente, sólo tres países en el mundo, Cuba, Venezuela y Bolivia, insisten en esta visión del pasado, cuyos resultados anacrónicos saltan a la vista en las estadísticas internacionales.

Basta leer cualquier libro de introducción al desarrollo económico para evidenciar que la intervención del Estado y la usurpación de las libertades económicas siempre terminan en la escasez de productos, los precios ficticios, las subvenciones y el mercado negro. Por otra parte, las nacionalizaciones —que no son otra cosa que compras forzosas— terminan en la formación de empresas estatales, que se convierten en el refugio de los amigos, familiares y los allegados al partido oficial o de los poderosos sindicatos que deciden cuándo se ofrece o se suspende tal o cual servicio, en perjuicio de la población. Ni qué decir de los sinvergüenzas que se aprovechan de importantes posiciones en estas empresas públicas, para sacarse el vientre de mal año.

Sin embargo, lo que más preocupa de este ´nuevo´ modelo económico es que también revive el pensamiento estatista de despojar a los ciudadanos de sus libertades constitucionales, respecto a la libre producción, industrialización y comercialización de la economía, sujetándolas a disposiciones que, ideológicamente, decide la burocracia gubernamental, como si cuatro burócratas del Gobierno pudieran tomar mejores y más amplias decisiones que los ciudadanos del resto del país.

De la misma manera, este ´nuevo´ modelo económico priva también la libertad constitucional que tienen los ciudadanos de exportar e importar libremente en la economía, sujetándola a los caprichos políticos y partidarios, como los que estamos viendo en la actualidad. Como se sabe, la Constitución Política del Estado garantiza la libre industrialización y la comercialización de todos los bienes y servicios existentes en la economía y, por ende, a las actividades de comercio exterior. Por otra parte, como también sabe cualquier alumno del primer año de facultad, dado el pequeño tamaño que tiene la economía interna del país, el crecimiento de ésta debe necesariamente provenir de la exportación.

Entonces, por favor, no nos engañemos, entre gitanos no nos leemos la suerte: el modelito presentado no tiene nada de nuevo ni de novedoso. Es más de lo mismo. Es la película que vimos hace más de cincuenta años y que la repetimos en los años de 1970. Qué falta de imaginación y ganas de progresar.

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